Interrogaciones ¿Cómo quedan, Señor, durmiendo los suicidas? ¿Un cuajo entre la boca, las dos sienes vaciadas, las lunas de los ojos albas y engrandecidas, hacia un ancla invisible las manos orientadas? ¿O Tú llegas después que los hombres se han ido, y les bajas el párpado sobre el ojo cegado, acomodas las vísceras sin dolor y sin ruido y entrecruzas las manos sobre el pecho callado? El rosal que los vivos riegan sobre su huesa ¿no le pinta a sus rosas unas formas de heridas? ¿No tiene acre el olor, sombría la belleza y las frondas menguadas de serpientes tejidas? Y responde, Señor: Cuando se fuga el alma por la mojada puerta de las largas heridas, ¿entra en la zona tuya hendiendo el aire en calma o se oye un crepitar de alas enloquecidas? ¿Angosto cerco lívido se aprieta en torno suyo? ¿El éter es un campo de monstruos florecido? ¿En el pavor no aciertan ni con el nombre tuyo? ¿O van gritando sobre tu corazón dormido? ¿No hay un rayo de sol que los alcance un d...
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Yo no soy demasiado sabio Yo no soy demasiado sabio para negarte, Señor; encuentro lógica tu existencia divina; me basta con abrir los ojos para hallarte; la creación entera me convida a adorarte, y te adoro en la rosa y te adoro en la espina. ¿Qué son nuestras angustias para querer por argüirte de cruel? ¿Sabemos por ventura si tú con nuestras lágrimas fabricas las estrellas, si los seres más altos, si las cosas más bellas se amasan con el noble barro de la amargura? Esperemos, suframos, no lancemos jamás a lo Invisible nuestra negación como un reto. Pobre criatura triste, ¡ya verás, ya verás! La Muerte se aproxima... ¡De sus labios oirás el celeste secreto! -Amado Nervo
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Divagaciones Mis ojos espantos han visto, tal ha sido mi triste suerte; cual la de mi Señor Jesucristo, mi alma está triste hasta la muerte. Hombre malvado y hombre listo en mi enemigo se convierte; cual la de mi Señor Jesucristo, mi alma está triste hasta la muerte. Desde que soy, desde que existo, mi pobre alma armonías vierte. Cual la de mi Señor Jesucristo, mi alma está triste hasta la muerte. -Rubén Darío
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CAUPOLICÁN Ya todos los caciques probaron el madero. «¿Quién falta», y la respuesta fue un arrogante: «¡Yo!» «¡Yo!», dijo; y, en la forma de una visión de Homero, del fondo de los bosques Caupolicán surgió. Echóse el tronco encima, con ademán ligero, y estremecerse pudo, pero doblarse no. Bajo sus pies, tres días crujir hizo el sendero, y estuvo andando... andando... y andando se durmió. Anduvo, así, dormido, vio en sueños al verdugo: él muerto sobre un tronco, su raza con el yugo, inútil todo esfuerzo y el mundo siempre igual. Por eso, al tercer día de andar por valle y sierra, el tronco alzó en los aires y lo clavó en la tierra ¡como si el tronco fuese su propio pedestal! -José Santos Chocano
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Caso A un cruzado caballero, garrido y noble garzón, en el palenque guerrero le clavaron un acero tan cerca del corazón, que el físico al contemplarle, tras verle y examinarle, dijo: «Quedará sin vida si se pretende sacarle el venablo de la herida». Por el dolor congojado, triste, débil, desangrado, después que tanto sufrió, con el acero clavado el caballero murió. Pues el físico decía que, en dicho caso, quien una herida tal tenía, con el venablo moría, sin el venablo también. ¿No comprendes, Asunción, la historia que te he contado, la del garrido garzón con el acero clavado muy cerca del corazón? Pues el caso es verdadero; yo soy el herido, ingrata, y tu amor es el acero: ¡si me lo quitas, me muero; si me lo dejas, me mata! -Rubén Dario
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Si una espina me hiere... ¡Si una espina me hiere, me aparto de la espina, ...pero no la aborrezco! Cuando la mezquindad envidiosa en mí clava los dardos de su inquina, esquívase en silencio mi planta, y se encamina, hacia más puro ambiente de amor y caridad. ¿Rencores? ¡De qué sirven! ¡Qué logran los rencores! Ni restañan heridas, ni corrigen el mal. Mi rosal tiene apenas tiempo para dar flores, y no prodiga savias en pinchos punzadores: si pasa mi enemigo cerca de mi rosal, se llevará las rosas de más sutil esencia; y si notare en ellas algún rojo vivaz, ¡será el de aquella sangre que su malevolencia de ayer, vertió, al herirme con encono y violencia, y que el rosal devuelve, trocada en flor de paz! -Amado Nervo
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En paz Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida, porque nunca me diste ni esperanza fallida, ni trabajos injustos, ni pena inmerecida; porque veo al final de mi rudo camino que yo fui el arquitecto de mi propio destino; que si extraje las mieles o la hiel de las cosas, fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas: cuando planté rosales, coseché siempre rosas. ...Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno: ¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno! Hallé sin duda largas las noches de mis penas; mas no me prometiste tan sólo noches buenas; y en cambio tuve algunas santamente serenas... Amé, fui amado, el sol acarició mi faz. ¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz! -Amado Nervo